miércoles, junio 08, 2016

Teatro generalizado

Voy a leer al parque. Es el calor. Llevo El Cristo de la rue Jacob y otros textos de Severo Sarduy. Leo a saltos (o a asaltos). Imagino que subrayo algunas frases. Esta, por ejemplo: “Europa es un museo generalizado, como el de Oklahoma un teatro generalizado para Kafka” (pág. 82). Veo clavado en el aire el aire de América, la edición Nueva Nicaragua que leí allá por 1987. Quizá rememoré muchas veces ese libro pero quizá nunca desde entonces la secuencia del teatro generalizado de Oklahoma. De hecho cuando Sarduy suelta la metáfora voy antes en rápido y desperdigado salto a chocar antes (en el aire, en la luz del atardecer) con secuencias de películas de Robert Altman: teatro generalizado, estadounidense. Ah sí, Kafka como Chaplin se traslada a América: inaugura un cine.

La ola de calor se abate sobre el parque. Es un atardecer difícil en que se busca la sombra. El aire no corre. Algunas espirales de polvo soplan y crecen en formas más o menos enanas o medianas. Palomas que son ratas y tienen curiosidad. Pero no soy el lector loco que alimenta las palomas. Me ciño a la sombra o lo que se marca de ella en la banca del parque. Veo con curiosidad a los perros.

Los obispos


No practico el fetichismo necrológico. Las sábanas

De Darío en el Museo de León me dejan frío--frío como la muerte.

Las catedrales tienen al fondo, en Santiago o La Habana, cementerios

De obispos: el frío no transcurre en aquel encierro de las momias

De niño aprendí a temer a Las momias de Guanajuato en el Teatro González

Me dejan frío y sin compasión las fotos de escritores--qué oficio inútil, señor Mordzinski.

Sueño a veces con aquella mansión sobre la colina que menciona

Van Morrison en una canción y que yo imagino como aquella en que P.P.P. filmó Saló.

No practico el fetichismo necrológico pero esta vez, aprovechando

Un breve viaje a NY tenía que pasar por la acera del Edificio Dakota en la calle 72,

Con sus quimeras de hierro adheridas todavía. Hacía calor y compré una botella de

Agua en una tienda pequeña que atendía un muchacho asiático-americano. Crucé en

La esquina hacia Central Park. No quise ver los otros fetichismos, los paseos ciegos

Por Strawberry Fields. Sólo el vértigo. Los obispos avanzaban en fila fielmente

Hacia el Edificio conversando en el frío.