lunes, marzo 13, 2017

Cuerpo de Saturno

Bajo la evidente influencia de Agamben, de Laclau, de Borges, me da por imaginar una prosa política que ayude a definir de forma polémica, las particularidades que tiene Saturno cuando sobrevuela y llega (o surge de algún volcán?) a suelo nicaragüense. Ese Saturno de la revolución que es invocado aquí o allá.

Recientemente, Pinto Antón plantea la idea que Daniel Ortega y su gobierno son, en efecto, ese Saturno que devora a sus hijos. Se refiere concretamente a Ernesto Cardenal y lo llama "poeta devorado". Ortega, dice Pinto Antón:

Semella outro Saturno devorando a fermosa utopía sandinista e destrozando a fráxil democracia nun indisimulado intento de instaurar unha nova dinastía familiar. 
Cree, sin duda, el comentarista que lo que llama "la utopía sandinista" mora en alguna parte de la trayectoria y la cabeza cana del Poeta.

Hace un poco menos de veinte años Sergio Ramírez de forma aparentemente discreta, invocó asimismo a Saturno, en su memoria de la revolución sandinista titulada Adiós, muchachos. El capítulo 13 (número cabalístico!) de su libro, se titula "Las fauces de Saturno", y cuenta su salida del sandinismo. Su conferencia de prensa de renuncia al FSLN está iluminada por un retrato de Sandino. En ese momento en que, dice la voz confesional:

Saturno me alzaba desde el suelo para meterme entre sus fauces.

¿Sandino frente a Saturno? Sandino, como quería Ernesto Mejía Sánchez, "subiendo glorioso a los Infiernos"? Visto que esas saturnales devoraciones son, en el caso de la clase sandinista gobernante en los 80s, relativamente benignas, no tendrá en suelo patrio Saturno algo de Sandino y viceversa?

Arguyo otra versión de Saturno, que es mucho menos benigna. La que pide, a partir de 1983, a los jóvenes de 18 y 20 años entregar su vida a la revolución, según la reglamentación del servicio militar. Lo que Agamben, sin duda, atribuiría a la biopolítica (pero que dudo si a la poshistoria). En efecto, esos jóvenes cuya vida podía ser ofrecida sin mucho trámite en el altar de la revolución, son la "vida desnuda" que llamaría el italiano. Razón estatal e ideología nacional aliadas para justificar la muerte de los hijos (algunos putativos) de la revolución.

Busco una imagen alegórica que corresponda a aquella idea. Un joven que arrastra por una ciudad del norte de Nicaragua el cadáver de una res destrozada (puede ser en un saco de bramante). La entrega en un pulpería, y en el momento de la transacción se da cuenta que aquella res muerta se ha transformado en un joven, que lo mira melancólico (situación especular),  con un aire de renacimiento y de lejanía.

Una parte importante de la clase política nicaragüense está formada por Saturno. Miembros, órganos, partes de su cuerpo disgregados en corrientes más o menos radicales del sandinismo. Todo conflicto intra-sandinista es también un conflicto intra-burgués, y un proceso corporal saturnino.

El disenso político nacional y sus periódicas componendas no pueden hacerse sin presencia y referencia de ese Cuerpo. Herencia estatal y de poder de la última revolución moderna en los territorios míticos de la historia.


jueves, febrero 02, 2017

Dentro y fuera

Al inicio de su autobiografía, Dentro y fuera del tarro de la basura,  Fritz Perls se refiere a la dicotomía entre “vanidad” y “existencia auténtica”:

“Como seres biológicos somos animales; como seres sociales representamos roles y realizamos juegos. Como animales matamos para sobrevivir; como seres sociales matamos por codicia y venganza, para obtener gloria. Como seres biológicos llevamos una vida relacionada y cimentada en la naturaleza; como seres sociales llevamos una existencia “como si” (Vaihinger: Philosophy of “as is”), en la que hay una confusión considerable entre la realidad, la fantasía y el fingir. Para el hombre de hoy el asunto se reduce a la diferencia (y muy a menudo la incompatibilidad) entre auto-actualización y auto-concepto o actualización de la auto-imagen.” (12)

Perls relaciona la auto-actualización con lo que los seres o sistemas serían en sí, su potencialidad o realización. Sin embargo, como se ve, su dicotomía está bastante falseada, y es frágil. Separar lo biológico de lo social no puede ser una operación tan simplista, pues toda actualización (de un sistema o un ser) pasa necesariamente por lo social (los orbes ideológicos y culturales sirven quizá como amalgamas más o menos politizadas entre tales órdenes separados). No hay auto-actualización separada del poder (o la política).

Tiendo a pensar, por tanto, negativamente, que la plena actualización (aparte de instancias más o menos “interiores” o fenómenos místicos como expresiones ante todo escriturarias) no se da sino como idea o paradigma. Podría llamarse, incluso, utopía.

Es curioso que la división que plantea Perls pueda proyectarse en la conocida dicotomía establecida por Agamben entre una vida biológica (zoe) y una vida política (bios), en cierto sentido la última dominante y represora de la otra. Sin pretender reducir a Agamben a esta interpretación tan ligera, es notable que el problema que Perls (y la psicología popular) plantea es “real”.

Sin embargo, en las versiones más o menos “existenciales” de la filosofía, en la psicología popular, en la ola “zen” y “budista” ocurre cierta burda identificación “transcendental” a través del sujeto (su respiración universalizada). El Maharishi que aconseja y adormece a sus súbditos, y termina confundiendo las témporas con lo universal. (Leí también el libro de D. Lynch sobre “meditación trascendental”, poco interesante como justificación del meditar, más interesante como testimonio de gran cineasta, pero en general no muy notable por su escritura.)

Son, pues, según creo, ilusiones que se representan bien en ese tipo de autobiografía que giran en torno a modelos de psicología masiva, merodeando entre la auto-ayuda y el new age, y marcados por la época hippie. (Se podría mencionar, como otro ejemplo, La danza de la realidad del cineasta Alejandro Jodorovsky.)

No creo, sin embargo, que sean simplemente lecturas detestables o que deban ser expurgadas. Todo lo contrario: creo que hay arte y contexto en ellas, por lo general mal trabajado si es que se ve desde el punto de vista literario. Creo que son verdaderas en cuanto arman respuestas provisionales (sin bien mal situadas, como creo) y sintomáticas.

Un asunto curioso es que la edición de la obra de Perls es chilena, y de 1975. Siempre me ha llamado la atención cómo, a la par de un funesto destino político (la dictadura en un punto culminante, los desaparecidos, la destrucción de la izquierda y la imposición del neoliberalismo) hay órdenes que siguieron “con toda normalidad” desarrollándose. Casos de la música popular (Hernaldo Zúñiga cantautor nicaragüense cantó en el Festival de Viña del Mar en 1974, a pocos meses del golpe), o casos de edición de textos como el de Perls.

¿Adormecían? ¿Consolaban? ¿Formaban parte del sistema?

¿Quizá había un fervor chileno por la psicología de Perls? En Estrella distante, Roberto Bolaño refiere a una edición en francés de un libro del psiquiatra Perls:

“A veces, cuando pienso en Stein y en Soto no puedo evitar pensar también en Lorenzo. A veces creo que Lorenzo fue mejor poeta que Stein y Soto. Pero usualmente cuando pienso en ellos los veo juntos.
Aunque lo único que los une fue la circunstancia de nacer en Chile. Y un libro que tal vez leyó Stein, que seguro leyó Soto (habla de él en un largo artículo sobre el exilio y la errancia publicado en México) y que también leyó, entusiasta como casi siempre que leía algo (¿cómo daba vuelta las hojas?: ¡con la lengua, como deberíamos hacerlo todos!), Lorenzo. El libro se titula Ma gestalt-thérapie y su autor es el doctor Frederick Perls, psiquiatra, fugitivo de la Alemania nazi y vagabundo por tres continentes. En España, que yo sepa, no se ha traducido.”

Es decir, que estos personajes de Bolaño lo que leen es la versión francesa del libro traducido al español en Chile. ¿Un guiño de la poesía al orden liviano del new age? ¿Un caso de “inconsciente político” de la terapia gestalt?

viernes, enero 27, 2017

Monograma

Ya vino el pájaro monocorde

Al cerezo urbano y a la breve madrugada

Canta en contra de los nidos encendidos del amor de los otros pájaros

Los gregarios--él se cree solitario pero sólo es una pinta de

Pájaro monótono en sus plumas de un solo trazo y un solo color

Es aquel mismo pájaro estalinista del otro

Con el alfiler en la mano

El pájaro separador de libros que trajo la espada y no la paz

Con su nácar, sin embargo, y su monograma

El pájaro del secreto sexual de cada amanecer

Cuando se abre una brecha luminosa en la textura propia.

miércoles, enero 25, 2017

En la cueva de un solitario

Es inevitable que en todo discurso heterodoxo se cuele una instancia, un resto institucional. ¿Es inevitable?

 Leo en Vida en el amor de Ernesto Cardenal un amor desemejante y radical: el amor de los místicos. Pienso en el catálogo de De Certeau, y en el amparo de Merton.

Pero no deja de haber capítulos en que la juventud acude al matrimonio, y en que este matrimonio acaba por reivindicar a la Iglesia.

El recuerdo disciplinario y fascista con que los letrados vanguardistas asumen el catolicismo en Nicaragua es proyectado, en cierto sentido, en esta concepción poco heterodoxa. Dice Cardenal:

"en la cueva de un solitario está presente toda la Iglesia militante, purgante y triunfante"

Estas frases, que hubiesen quizá complacido al mismísimo Wojtyla, indica que la heterodoxia, como el barrilete, es sostenida, a veces, por vieja mano.

A veces parece impensable el sujeto sin institución.