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jueves, mayo 10, 2007

Y yo siempre llegaba

Está bien, sí tenía una crónica de Antigua.

1. La reunión casi con velas en aquella salita museográfica del hotel. Fui el único que tomó té y no café, y quedó en evidencia al no usar la escudilla.

2. La presentación, otra noche, de la octava o novena novela del joven académico. Tributario de la roman universitaria, se analizaba, en Austin (o era Standford) y su poca sangre indígena. Yo me preguntaba, no es haber terminado ya la Obra tener 7 u 8 (u 11) libros publicados?

3. Mi merodeo por las librerías del centro, en donde hace años conseguí la Obra de Cabrera el Infame (sólo 300,000 menciones en Google, y en virtual disminución!, eso se llama ser olvidado) y de Capote. Digo que adoro esta ciudad con sus brechas y heridas.

4. El extraño con que tarde... Nostalgias imperiales de los Estados Unidos... (sobre todo cuando Micheal Stipe dice que vendrá pronto septiembre, extraño la certeza de los libros ordenados y los trabajos del sol luchando con la sombra en mi rincón planetario)... Frutas en carritos que mitigan el calor.

5. El almuerzo solitario y depresivo (aquel aceite funéreo que dijera César), mientras en la TV de pantalla plana pasan un DVD con la videografía completa de ABBA. Hasta mañana te sabré esperar--rugía Agnetta--dime tú el lugar...

Y yo siempre llegaba a Antigua.

martes, abril 24, 2007

Todo canon crea resistencia

Notas de Antigua, 2007

Nos divertimos en primavera
Y en invierno, nos queremos morir
Ch. G.


La semana pasada estuve en el CILCA de Antigua, Guatemala. No tengo ahora, como tuve hace 7 años, la paciencia de hacer una crónica del evento. De hecho, confrontar los hechos que no aparecen en aquella crónica impiden quizá esta otra. (Hechos como encontrar al regreso que nos habían robado los cables de la electricidad que había costado un huevo instalar, y que por tanto regresábamos a la pletórica oscuridad--en la que ya llevábamos 3 años--, o a la vieja Coleman, y mi grabadora de baterías en donde Mercedes Sosa no se rendía. Jinotepe, Nicaragua, años 2000-2001 D. C.).

En este regreso desde Antigua (Antigua-Managua: 16 horas de bus), leo (es decir, los ratos que Deborah Harry me deja leer) partes del libro que Cardoza y Aragón hizo sobre Octavio Paz, (El brujo. Guatemala: Editorial Universitaria de la Universidad de San Carlos de Guatemala.) y encuentro, en la página 60, una anotación que me lleva de vuelta a lo del pensamiento del canon: una anotación que debo deshuesar.

Dice Cardoza en los párrafos segundo y tercero:

Comprender el trabajo de las élites no es ni plantear ni aceptar una idea aristocrática de la cultura, sino una idea democrática de ella.

...Pero hay etapas en las cuales las obras aún no son mayoritarias, en las cuales aún pertenecen a las minorías.


Deshueso: estudiar el canon ("el trabajo de las élites") puede también ser una operación política (es decir, crítica) democrática, sin embargo algo hay inscrito en el canon (esas largas "etapas" (léase temporalidades) que le son propias) que desarticula hasta cierto punto la operación democrática: todo canon crea resistencia.