miércoles, septiembre 13, 2023

Fusilaría a los hermanos Coen

 

Estoy convirtiéndome en un viejo llorón

Al parecer mi salida del teatro del mundo será entre lágrimas, como en una ópera—pongamos que

    barroca por meras preferencias estéticas

Leyendo lloro por los huérfanos

En los audífonos lloro con los Ángeles Negros, no se puede continuar

En el cine porno entro a llorar por las formas humanas: el ano, el clítoris, los testículos

La poesía, como es obvio, me hace llorar a carcajadas

 

Fusilaría a los hermanos Coen (los cineastas)

Su idiota ironía y sus inútiles (perdón, Jeff Bridges)

El padre enfermo de Alzheimer caga delante del hijo—secuencia que resume todo su cine

desgraciado

Cualquier posmo de mierda provinciano troskobudista

Encontraría peliaguda esa secuencia

La secular ausencia de un cine democrático

 

Conforme el tiempo pasa me voy convirtiendo en un viejo llorón

De la coyuntura nicaragüense puedo decir que hoy veo con mucha más sorna a la clase media

ah peregrina ah perseguida ah lameculista

y que se me hacen más nítidos los violentos linderos de clase que caracterizan a esa sociedad.

A la vez percibo que me he quedado por fuera de cualquier lógica nacional la que, en el caso de

    Nicaragua, pasa por estar afiliado a alguna Personalidad

La vida cultural de Nicaragua en los 90s era aburrida. Tres celebridades—Sergio Ramírez, Gioconda

Belli y Ernesto Cardenal—se comportaban como las Tres Divinas Personas. Cardenal, el mejor de

los tres, al menos tuvo la decencia de declararse chavista. Era lo correcto dada la coyuntura

En cierto sentido preferiría ser una viejo pedorro como Vargas Llosa o Sergio Ramírez

Viejos pedorros pero burgueses

Y no un viejo llorón que vive de su salario