Una cantina entre Merced y Monjitas, los antiguos muebles, la barra
El muro de Jack Daniels y licores bien armado pero visto en el espejo
Puesto en vértigo
–Allí donde también se ven los rostros de los fieles frecuentes—
Rojo de los muebles de comiderías gringas en barrios negros y dos pantallas
El lavaplatos, la cocina, el dispensador de cerveza fresca, la refrigeradora con jarras limpias y congeladas
Los dos chinos, ella y él, un amor en alguna parte de la geografía o el tiempo
La intermitencia de la música mala clara largos escenarios vueltas auroras salsa camorra
A través de la ventana un Oxxo y una muchacha en la puerta a la que apunto con la cámara
Del teléfono y espero que se corporice en alguna fecha identidad palabra
Pero pasa un largo bus amarillo y lo alcanza otro rojo y el Oxxo desaparece tras la cortina naranja de los dos buses
Busca el verano—dice un comercial en una de las pantallas, las palabras y sus semejanzas en la publicidad
Mientras todo el tiempo juego con los audífonos recodos de sombra rincones de luz solar
Poema del mingitorio mística del subir o bajar las escaleras—te espera un fiel urinario con mácula (no ves una forma en la mácula?)
Curiosidad del otro, curiosidad de la cerveza del otro, del audífono del otro
De la pareja que entra, de los hombres que salen a fumar: qué educado bar sin humo
De lo que ahora tararea la mujer
De la súbita aparición de Bob Marley y su forma de decir redemption
La opresión del domingo, el tatuaje sobre el pecho que es un domingo, señor
La cantina cayendo dentro de sí misma, su párpado lerdo y vigilante que mira

