lunes, octubre 09, 2017

Feriado

El día del feriado soñé de nuevo con estaciones y viajes. Como esas estaciones de trenes que por lo general aparecen en las películas. Como el turista centroamericano que visita Central Station en NY, y evoca películas (y quizá el fantasma de Nancy Allen).
En el sueño, veo sombras (no personajes aún).
Ya despierto me pregunto: ¿Cómo leer poesía?
¿Qué se anota o se recuerda?
¿La mnemotecnia es parte del poema?
¿Cómo leer la diferencia entre sueño y poesía?
Leo un poema largo de Derek Walcott. Es un poema narrativo. Se puede contar que narra el encuentro de dos amigos y las memorias remotas de una ciudad-pueblo de Santa Lucía. Se puede decir que en este poema uno tropieza con una imagen particular que dilata el tiempo de la narración.
Capas de lo remoto sobre capas del inconsistente presente;
áreas de luz fotográfica que develan tiempos disímiles.
“Para sentirte más protegido en el oficio de poeta
arrodíllate, por la arena, lienzo iluminado por la luna.” (Walcott 14)
Esta narración enfatiza y admite y da derechos inalienables a la metáfora.
La revolución haitiana de los tropos.
[Debo quizá leer al respecto. Libros. Genovese. Paz. Lo Que Sea. Hace muchos años leí lo de Jakobson y lo de Barthes
(el Barthes endemoniado por la semiología, no el de la escritura todavía).]
[Otro asunto es que es difícil leer poesía sin instalar la cuestión del “qué poeta quería ser yo?”.
Pues la lectura de poesía siempre se hace frente al remolino o vacío del sujeto.
Para lo del sujeto, Zizek, quizá hablando de Schlegel.
Pero, además, los sujetos suelen estar divididos y ser partidarios.
Melibeos de la órbita lunar.]
Una cosa radical que dijo el profesor de cultura en la secundaria, y que él se lo había escuchado a un profesor universitario, y este lo había leído en un libro (la cita está perdida): lo único no aprendido culturalmente es mamar, el succionar la leche los tiernos o recién nacidos.
El profesor dijo además:
Todo stalinismo es despotismo testicular.
Todo trotskismo es castración.
Hay que buscar la poesía en la filosofía, en la herética filosófica, digo.
Por cierto, leí unas pocas páginas de Meschonnic, su “golpe bíblico”.
Era como una cartilla policíaca: en principio, dudar del mundo saussureano.
A continuación, poner atención al ritmo, problema filosófico y político.
(Aquí yacía la fotografía del mar, una costa recortada y silenciosa.)
La lengua como un cuerpo completo y no seccionado por el signo. En ese sentido,
un anti-Jakobson.
La vida sólo por el deseo inmediato. Soles que pasan a gran velocidad.

Además, leer un poema es desear el poema.

domingo, octubre 08, 2017

Crónicas aprendidas

Las arrugas
Las puertas de los vagones del metro que se abren y cierran van poniéndome frente a mi propia figura estación a estación, station to station. Estoy ahí de nuevo y no me queda más alternativa que verme en la sombra que entra con la puerta derecha que se junta a la otra. Corre la puerta y aparezco. Lo que veo sobre todo son las arrugas bajo los ojos. Marcas que se confunden con ojeras largas y se yuxtaponen a las más finas o más evidentes arrugas, las del esfuerzo de leer (nunca pude), las que quisieron ver conmigo lo inefable y no pudieron, las de los soles varios y hoy olvidados.
Sobre todo las marcas de las ojeras se están comiendo mi cara lentamente (pero no tan lento como yo quisiera). Y la puerta se cierra de nuevo y voy apareciendo entre esa gente desconocida que ahora no pueden menos que advertir mis arrugas.
Las atribuiría a la sabiduría si tan solo fuera sabio. “Estas arrugas mías, honor del trabajo y el esfuerzo”. Pero no siento ese entusiasmo. Pasa por mi mente menos que el supuesto honor reconciliatorio de la edad, el terror discreto de la decadencia. Comprendo a los hombres que van al matadero de la cirugía estética y se recomponen los pómulos y se dan a estirar las bolsas de los ojos. O se inyectan venenos reconstitutivos.
Comprendo, en fin, la urgencia de la máscara.

Los hijos contenidos
Tengo nostalgia de mis dos hijos en edades entre los 9 meses y los 4 años más o menos. Cuando podía sin mucho esfuerzo controlarlos físicamente, detenerlos, cargarlos, llevarlos o traerlos; mentirles con total impunidad. Ángel era más rebelde y tenso, un desafío, casi un acertijo. Samuel, dócil y confiado: yo podía leer, casi un virtuoso, la expresión mínima de sus manos.
Por eso no puedo dejar de ver con ternura a cualquier niño en esas edades. Un automatismo me hace comprenderlos, y entender la posible relación con el padre.
La temporalidad del sentimiento es complicada: ellos, mis hijos, están aquí cerca, más o menos crecidos. El truco es que  el aura de aquellas edades fabulosas los persigue, o yo soy el secuaz que me ocupo de reinstalarlas una y otra vez.
Único juego favorito.

La biblioteca
Si cuando me casé me hubiera llevado todos los libros. Había ahí libros de adolescencia, marcados por la revolución, mascados por la historia, entre ellos los libros que traje de Cuba.
Si cuando volví de Estados Unidos hubiera instalado todos los libros en una habitación solitaria y la hubiese llamado biblioteca. Si hubiera imaginado el Paraíso bajo la forma de una sola biblioteca.
(Cuando me fui a Pittsburgh llevaba, como siempre, algunos amuletos: los Seis ensayos de don Pedro, el libro de Lukács sobre realismo crítico, un libro de Retamar y una Mímesis edición cubana. Mi biblioteca fueron esos amuletos llevados provisionalmente a algún lugar: como testimonio o defensa.)
Si yendo a Chile hubiera cargado todos los libros. Para, también provisionalmente, defenderme de las turbulencias del vuelo. Qué bella biblioteca hubiera sido.

Libros perdidos o apolillados en habitaciones disímiles y geográficamente distantes. Esa fue mi biblioteca.

martes, septiembre 19, 2017

Un gato

El cliché del gato echado junto al calor de los libros y la computadora.

En cambio mi gato crecía en el patio, solo y por su cuenta.

De noche huían las zarigüeyas (la zarigüeya acomodada, casi archivada como un libro entre las hojas del plátano).

Cruzaba eléctrica la garra que iba a atravesar el corazón tierno del murciélago: corazón prodigioso en sangre y aerodinámicas perdidas.

En el borde de los charcos de aguas negras, frente a sapos emperadores, en altas incursiones de aguacates y palmeras infinitas.

Debajo de la pitahaya pedregosa, cerca del hicaco ya adornado de un rosa oscuro, por debajo de la tierra profunda donde estaba el Perro enterrado. Pasaba por ahí el gato, adueñado.

Ah tanto gato urbano e inútil, gato de cuna y de pulga fácil, nunca frente al garabato extraordinario de una araña venenosa.


Ese era el gato ausente que yo prefería, siempre abriéndole la puerta al gato boquiabierto frente a la realidad.

sábado, agosto 26, 2017

Frente a la tumba de Stravinsky

Ambulante la hoja que ingresa al escenario, y el moho de la hoja y la hormiga.

La danza de la mano, el subterráneo como el Hades y el infierno.

Estamos frente a la tumba de Stravinsky.

Cosa de los 17 años, tal vez, vi que los viejos músicos--Handel, Vivaldi, Scarlatti--miraban y cuchicheaban frente a esta tumba.

Era la novela de Carpentier y era la otra era. Novela que comprabas en carreras azuladas, en el pueblito y leías con velas ajenas.

Lo que decían imantaba; quijoteaba el niño desde el pesebre; albúmina perdida de un Nonato José Cemí.


"San Ramón Nonato" decía mi madre. En ese día.

sábado, agosto 05, 2017

Surf en La Boquita

--Ese es un pony o un caballo descriadito?

Imagino el hambre que tendrá el hombre del caballo mientras entierra el estiércol tan cerca de la línea del agua. Entra otro hombre a caballo, su pelo en rubio falso ondula.

La marea va subiendo, pronto seremos agua, peces y nos bañaremos también con las heces del caballo. El gusano del chancro en la espalda del perro.

Dios baja a estos parajes los domingos. Le gusta el surf como a nosotros. Son tres muchachos los que practican surf. Y una muchacha. Enfocada por el ojo ambicioso de dios no resiste devolver la mirada. Hace mohines o se amohina, y más sencillamente se amuina.

La cerveza Toña es peor que la Pilsen salvadoreña. Y yo no podría escribir peor que (en) Castellanos. El pescado, en cambio, es la gloria que hace pasar la cerveza nunca suficientemente fría. Algún bikini bacán, un agua cálida, un cauce en el cielo (ese que busca el surf de dios).

Comparadas las playas del Pacífico: la de Miraflores en Lima, la de Alagarrobo allá abajo, la de la Boquita en Diriamba, Nicaragua, esta es la más pedregosa. La del ilustre peligro de los caminantes del agua.

martes, junio 13, 2017

Tertulias grandes

El artículo de Sergio Ramírez "La literatura como espectáculo" parece ser el último manifiesto literario firmado en Nicaragua (reciente también para la temporalidad latinoamericana).

El autor pondera el éxito del encuentro anual Centroamérica Cuenta que reúne escritores, libreros, editoriales y demás entes culturales en torno a la literatura (más propiamente la narrativa, y aún más exactamente, la novela) centroamericana, y con un público ferviente.

La consigna "literatura como espectáculo" responde a un contexto de pobreza: en un país pequeño en donde no parece posible convocar un público para la literatura, Centroamérica Cuenta parece lograrlo de manera progresiva y pujante. Eso que Ramírez llama: "El paso trascendental de espectador a lector".

Sin embargo (y aquí comienzan los puntos críticos), el texto parece entusiasmarse con sólo un tipo de relación literaria, entre autores y lectores, con un sólo tipo de autor (el que corresponde hipotéticamente a un tipo de lector).

Una clave de tal relación autor-lector es la informalidad, otra la confusión literatura-vida, o especie de realismo ingenuo.

Explica Ramírez:
Para convertir la literatura es espectáculo la clave está en que el público se sienta atraído hacia conversaciones informales, lejos del formato de conferencias soporíferas, y que en esas conversaciones se toquen temas que demuestran que en los libros de invención no se habla de otras cosa sino de la vida; que las vidas se parecen unas a otras, y que el lector se hallará siempre frente a un espejo en el que puede ver reflejada la suya propia. Una madre que es novelista, Piedad Bonnett, escribe un libro sobre el suicidio de su hijo, yendo al fondo del dolor de su propia experiencia. Otro, Renato Cisneros, relata en una novela lo que significó para él haber sido hijo de un general represivo del ejército peruano.
Otra clave es que los escritores convocados a los encuentros tienen dones de conversadores (especies de showmen de la literatura). Ay! de los ostracismos y narcisismos interioristas. Ramírez de nuevo:
Traemos a los mejores, no sólo porque tienen cartel, sino porque, como buenos escritores, saben conversar con agudeza y con humor, que son parte del encanto de una buena plática entre amigos. Y el público debe sentirse parte de la tertulia.
Hay que reconocer que Centroamérica Cuenta es uno de los pocos espacios de divulgación y establecimiento de redes de la literatura centroamericana como región cultural. De hecho da continuidad a un trabajo imprescindible y admirable de Ramírez que se remonta a cuando compiló su Antología del cuento centroamericano.

No obstante, la descripción de esta "literatura como espectáculo" no deja de correr ciertos riesgos didácticos y programáticos, que  no hay menos que notar.

Hace propaganda, en efecto, de un tipo de literatura, como ya dije, realista y casi periodística (narración de vida) y que no parece incluir instancias críticas (lo crítico es enviado, al parecer, a ese infecto reino de lo "soporífero"). Para su funcionamiento parece necesario un lector   que siempre parece ver reflejada en el texto su propia vida, por lo que resulta.oportuna aquella vieja idea de Cortázar del "lector-hembra", un lector entusiasmado pero acrítico.

(Esto particularmente parece grave en un país en que los estudios universitarios tienden a expulsar, y han expulsado de hecho a la literatura. La vieja carrera de Arte y Letras que yo empecé a estudiar en los años 80s, por ejemplo, desapareció entre el vendaval del mercado y las "modernizaciones" universitarias que no tienen alma (humanística). Que tenemos en este país y en Centroamérica, varios archivos literarios que estudiar, comprender y situar, es innegable. Que pasemos sobre ellos con aires espectaculares puede ser condenable. Que muchos de los talentos críticos emigren, no es casual)

Por su parte el autor modélico en el manifiesto de Ramirez debe ser entretenido, un as de tertulias grandes, y ya no aquel estratega del oficio que en otras ocasiones el propio S.R. ha propagandizado. Me pregunto si, más allá de la obvia distancia con que se suelen acoger los manifiestos literarios, algunos jóvenes se tomarán en serio eso de ser graciosos en tema literario y en actitud, especie de celebridades en miniatura y potencialidad, tertulianos permanentes y ocurrentes. Tema jocoso que parece para novela de Sergio Ramírez.

Confío, al contrario, en que la índole ideológica de la tertulia será despreciada por el oficio, y que el horizonte significativo del mismo Centroamérica Cuenta superará el dictamen espectacular. Porque, al fin y al cabo, se trata en cierto sentido de una ideología justificativa (en este caso de mercado).

Quizá, por tanto, el tema tenga que ver con el sandinismo. ¿Por qué los sandinistas, de todo matiz y espectro, suelen afirmar con contundencia asuntos que se contradicen en el tiempo? Hoy no no sentamos con los contras, mañana somos los reconciliados. Hoy la propaganda del oficio, mañana la del mercado. Ayer capellán de la Guardia Nacional, hoy Cardenal de la Paz. Hoy el yankee morirá, mañana el Nica-Act. Ayer intelectuales gramscianos, hoy anti-intelectuales.

Quizá sea el sandinismo la ideología más incoherente que ha heredado el archivo de ideologías latinoamericanas. Quizá debe cuidarse el lector de creer algo de lo que dice mi texto, pues yo también soy de origen sandinista.

lunes, marzo 13, 2017

Cuerpo de Saturno

Bajo la evidente influencia de Agamben, de Laclau, de Borges, me da por imaginar una prosa política que ayude a definir de forma polémica, las particularidades que tiene Saturno cuando sobrevuela y llega (o surge de algún volcán?) a suelo nicaragüense. Ese Saturno de la revolución que es invocado aquí o allá.

Recientemente, Pinto Antón plantea la idea que Daniel Ortega y su gobierno son, en efecto, ese Saturno que devora a sus hijos. Se refiere concretamente a Ernesto Cardenal y lo llama "poeta devorado". Ortega, dice Pinto Antón:

Semella outro Saturno devorando a fermosa utopía sandinista e destrozando a fráxil democracia nun indisimulado intento de instaurar unha nova dinastía familiar. 
Cree, sin duda, el comentarista que lo que llama "la utopía sandinista" mora en alguna parte de la trayectoria y la cabeza cana del Poeta.

Hace un poco menos de veinte años Sergio Ramírez de forma aparentemente discreta, invocó asimismo a Saturno, en su memoria de la revolución sandinista titulada Adiós, muchachos. El capítulo 13 (número cabalístico!) de su libro, se titula "Las fauces de Saturno", y cuenta su salida del sandinismo. Su conferencia de prensa de renuncia al FSLN está iluminada por un retrato de Sandino. En ese momento en que, dice la voz confesional:

Saturno me alzaba desde el suelo para meterme entre sus fauces.

¿Sandino frente a Saturno? Sandino, como quería Ernesto Mejía Sánchez, "subiendo glorioso a los Infiernos"? Visto que esas saturnales devoraciones son, en el caso de la clase sandinista gobernante en los 80s, relativamente benignas, no tendrá en suelo patrio Saturno algo de Sandino y viceversa?

Arguyo otra versión de Saturno, que es mucho menos benigna. La que pide, a partir de 1983, a los jóvenes de 18 y 20 años entregar su vida a la revolución, según la reglamentación del servicio militar. Lo que Agamben, sin duda, atribuiría a la biopolítica (pero que dudo si a la poshistoria). En efecto, esos jóvenes cuya vida podía ser ofrecida sin mucho trámite en el altar de la revolución, son la "vida desnuda" que llamaría el italiano. Razón estatal e ideología nacional aliadas para justificar la muerte de los hijos (algunos putativos) de la revolución.

Busco una imagen alegórica que corresponda a aquella idea. Un joven que arrastra por una ciudad del norte de Nicaragua el cadáver de una res destrozada (puede ser en un saco de bramante). La entrega en un pulpería, y en el momento de la transacción se da cuenta que aquella res muerta se ha transformado en un joven, que lo mira melancólico (situación especular),  con un aire de renacimiento y de lejanía.

Una parte importante de la clase política nicaragüense está formada por Saturno. Miembros, órganos, partes de su cuerpo disgregados en corrientes más o menos radicales del sandinismo. Todo conflicto intra-sandinista es también un conflicto intra-burgués, y un proceso corporal saturnino.

El disenso político nacional y sus periódicas componendas no pueden hacerse sin presencia y referencia de ese Cuerpo. Herencia estatal y de poder de la última revolución moderna en los territorios míticos de la historia.