martes, diciembre 12, 2017

Sin número

Te pregunto si creés que merecemos esta primavera

Aun cuando súbita debe ser merecida la primavera,

Brote que demarca un paisaje con su flor?

Veremos de nuevo la blancura sorprendente sobre el pasto

El Vlaminck del jacarandá y los cerezos--más soñados que vistos

El suspiro y la llegada de aquél pájaro nocturno con habilidades

Para huir y desaparecer.

Y estaremos en el silencio.


lunes, noviembre 27, 2017

Disensos

"we never did too much talking anyway"
Dylan

El Premio Cervantes para Sergio Ramírez debería ser un momento no de exaltación del "orgullo nacional" ni de la exageración aduladora (los entusiastas afirman incluso que es el "acontecimiento más relevante de nuestra historia reciente").

Se trata al contrario de una oportunidad para repensar críticamente las figuras intelectuales de la historia nacional.  Darío, De la Selva, Coronel, Cuadra, Cardenal, Ramírez, tantos otros, tienen historias fascinantes en su relación con el poder político. Asimismo, es interesante su colocación más o menos ventajosa dentro del poder cultural. De hecho, es muy probable que Sergio Ramírez sea actualmente la personalidad centroamericana con más poder cultural de la región. Por eso mismo, me parece que es hora de fortalecer posiciones de diferenciación y crítica con respecto al mismo Ramírez.

En ese sentido mi "homenaje" sería marcar algunos puntos en que bien vale la pena disentir con posiciones del flamante Cervantes:

1. La exaltación del castellano y el hispanismo. Como leitmotiv que reaparece en varios de sus discursos, Ramírez tiende a centrar la cuestión cultural en la lengua castellana. Esta centralidad del castellano funciona en Ramírez con un aparente olvido de la naturaleza imperial de la lengua, de su memoria colonial, y con evidente invisibilización de la heterogeneidad de la cuestión lingüística y cultural en América Latina. Esta centralidad se corresponde con la supuesta (y deseada) centralidad del escritor moderno como "voz" que enuncia la colectividad. En ámbitos tan poco democráticos como resultan los países centroamericanos esta serie de jerarquías (lengua-escritor como voz de pueblos) deben ser, por lo menos, puestas en cuestión.

2. La propaganda de una literatura "de tertulia". Como ya dije en una entrada anterior, uno de los grandes aportes de Ramírez es el de ofrecer una perspectiva centroamericana de la cultura. Textos y recopilaciones suyas como Balcanes y volcanes o la Antología del cuento centroamericano resultan fundamentales para ese cometido. Sin embargo, su perspectiva reciente, unida a su también loable empresa Centroamérica cuenta, me parece demasiado centrada en un tipo de narrativa de acceso fácil para el gran público, y en una prescripción del autor mediático (habilidoso para la comunicación y la tertulia, en esencia). Se entiende que por razones de vida o muerte la narrativa centroamericana debe ingresar al mercado (mercado que lleva un solo nombre, con una sola geografía de referencia, y con imaginario de monopolio), sin embargo, este proceso no debe evitar perspectivas (auto)críticas y pluralidad de propuestas ("dentro del mercado todo, contra el mercado nada").

3. La memoria de la revolución sandinista. Existe poca reflexión sobre los procesos de privatización que ha deparado la revolución sandinista. No sólo las privatizaciones evidentes de riqueza que orientan el proceso a partir de la firma de Esquipulas (1987), sino la privatización de la memoria. Asistimos, así, a la paradoja de un proceso popular y multitudinario cuya memoria pasa a ser la de unos pocos notables. El notabilismo es un mal endémico de la historia nacional visible en, por ejemplo, la fundación de clubes de notables, antes que de partidos políticos modernos. Inevitablemente, Ramírez participa de esta lógica de privatización, y como tal su figura, sus textos y posiciones intelectuales son fundamentales para ese (eventual) debate.

 Por otra parte, Sergio Ramírez es quien nos enseñó, en otra hora, que el proyecto cultural de la oligarquía nicaragüense era un proyecto fracasado. Quien describió tantas veces la cursilería centroamericana y la inoperancia cultural de las élites. Es casi un deber mantener esta postura crítica de manera estratégica.

Se sabe que un índice de tal cursilería es precisamente ese tipo de procesos en que se consagra a héroes por razones de chato nacionalismo. En La fugitiva, el propio Sergio Ramírez caracteriza este proceso diciendo: "Todas nuestras figuras de bronce tienen en sus cabezas coronas de excrementos, igual que en los parques." (pág. 159).

Habrá que estar alerta y ser crítico ante esa dialéctica entre la fosilización y la cultura viva.

Por horas la foto

Hasta que no me llamen a comer estaré ausente

Me perderé la hora de la muerte y el desenlace de la película

El hijo será un relámpago hecho de días de plumas de palabras lanzadas

Mi madre dirá que lee todos los días aquellas cartas viejas que envié desde la guerra

Qué tatuajes son esos, madre

El hijo del zapping existencial vaga esta noche manejando por una ciudad de Santiago oscura y olvidada

Alguna gramática dictan las calles sin embargo: esquina de las jarras de cerveza y de la enemistad disciplinada

Parece--o es--un principiante entre los libros de poemas

Entra a las librerías y a los cines en automático, poesías en forma de rosa o resúmenes candorosos y laicos de sus congéneres

De nuevo te crees de veinte, cincuentón hosco y ocre

Y se queda mirando por horas la foto de Blanca Varela

martes, noviembre 21, 2017

Saco de Papas

Ya se deshoja Infierno de cielo, y los cantos del libro amarillean

Lo mismo que las coníferas en noviembre con sus guirnaldas fauves

Es la lucha del papel contra el lodo del tiempo

O la Chapucería--diosa menor, encadenada a la Porcelana

Por la hendija, la chintanera del Poder Cultural esperando

de esa colina la firma todopoderosa

La Invitación, la Beca, la Mención.




lunes, octubre 09, 2017

Feriado

El día del feriado soñé de nuevo con estaciones y viajes. Como esas estaciones de trenes que por lo general aparecen en las películas. Como el turista centroamericano que visita Central Station en NY, y evoca películas (y quizá el fantasma de Nancy Allen).
En el sueño, veo sombras (no personajes aún).
Ya despierto me pregunto: ¿Cómo leer poesía?
¿Qué se anota o se recuerda?
¿La mnemotecnia es parte del poema?
¿Cómo leer la diferencia entre sueño y poesía?
Leo un poema largo de Derek Walcott. Es un poema narrativo. Se puede contar que narra el encuentro de dos amigos y las memorias remotas de una ciudad-pueblo de Santa Lucía. Se puede decir que en este poema uno tropieza con una imagen particular que dilata el tiempo de la narración.
Capas de lo remoto sobre capas del inconsistente presente;
áreas de luz fotográfica que develan tiempos disímiles.
“Para sentirte más protegido en el oficio de poeta
arrodíllate, por la arena, lienzo iluminado por la luna.” (Walcott 14)
Esta narración enfatiza y admite y da derechos inalienables a la metáfora.
La revolución haitiana de los tropos.
[Debo quizá leer al respecto. Libros. Genovese. Paz. Lo Que Sea. Hace muchos años leí lo de Jakobson y lo de Barthes
(el Barthes endemoniado por la semiología, no el de la escritura todavía).]
[Otro asunto es que es difícil leer poesía sin instalar la cuestión del “qué poeta quería ser yo?”.
Pues la lectura de poesía siempre se hace frente al remolino o vacío del sujeto.
Para lo del sujeto, Zizek, quizá hablando de Schlegel.
Pero, además, los sujetos suelen estar divididos y ser partidarios.
Melibeos de la órbita lunar.]
Una cosa radical que dijo el profesor de cultura en la secundaria, y que él se lo había escuchado a un profesor universitario, y este lo había leído en un libro (la cita está perdida): lo único no aprendido culturalmente es mamar, el succionar la leche los tiernos o recién nacidos.
El profesor dijo además:
Todo stalinismo es despotismo testicular.
Todo trotskismo es castración.
Hay que buscar la poesía en la filosofía, en la herética filosófica, digo.
Por cierto, leí unas pocas páginas de Meschonnic, su “golpe bíblico”.
Era como una cartilla policíaca: en principio, dudar del mundo saussureano.
A continuación, poner atención al ritmo, problema filosófico y político.
(Aquí yacía la fotografía del mar, una costa recortada y silenciosa.)
La lengua como un cuerpo completo y no seccionado por el signo. En ese sentido,
un anti-Jakobson.
La vida sólo por el deseo inmediato. Soles que pasan a gran velocidad.

Además, leer un poema es desear el poema.

domingo, octubre 08, 2017

Crónicas aprendidas

Las arrugas
Las puertas de los vagones del metro que se abren y cierran van poniéndome frente a mi propia figura estación a estación, station to station. Estoy ahí de nuevo y no me queda más alternativa que verme en la sombra que entra con la puerta derecha que se junta a la otra. Corre la puerta y aparezco. Lo que veo sobre todo son las arrugas bajo los ojos. Marcas que se confunden con ojeras largas y se yuxtaponen a las más finas o más evidentes arrugas, las del esfuerzo de leer (nunca pude), las que quisieron ver conmigo lo inefable y no pudieron, las de los soles varios y hoy olvidados.
Sobre todo las marcas de las ojeras se están comiendo mi cara lentamente (pero no tan lento como yo quisiera). Y la puerta se cierra de nuevo y voy apareciendo entre esa gente desconocida que ahora no pueden menos que advertir mis arrugas.
Las atribuiría a la sabiduría si tan solo fuera sabio. “Estas arrugas mías, honor del trabajo y el esfuerzo”. Pero no siento ese entusiasmo. Pasa por mi mente menos que el supuesto honor reconciliatorio de la edad, el terror discreto de la decadencia. Comprendo a los hombres que van al matadero de la cirugía estética y se recomponen los pómulos y se dan a estirar las bolsas de los ojos. O se inyectan venenos reconstitutivos.
Comprendo, en fin, la urgencia de la máscara.

Los hijos contenidos
Tengo nostalgia de mis dos hijos en edades entre los 9 meses y los 4 años más o menos. Cuando podía sin mucho esfuerzo controlarlos físicamente, detenerlos, cargarlos, llevarlos o traerlos; mentirles con total impunidad. Ángel era más rebelde y tenso, un desafío, casi un acertijo. Samuel, dócil y confiado: yo podía leer, casi un virtuoso, la expresión mínima de sus manos.
Por eso no puedo dejar de ver con ternura a cualquier niño en esas edades. Un automatismo me hace comprenderlos, y entender la posible relación con el padre.
La temporalidad del sentimiento es complicada: ellos, mis hijos, están aquí cerca, más o menos crecidos. El truco es que  el aura de aquellas edades fabulosas los persigue, o yo soy el secuaz que me ocupo de reinstalarlas una y otra vez.
Único juego favorito.

La biblioteca
Si cuando me casé me hubiera llevado todos los libros. Había ahí libros de adolescencia, marcados por la revolución, mascados por la historia, entre ellos los libros que traje de Cuba.
Si cuando volví de Estados Unidos hubiera instalado todos los libros en una habitación solitaria y la hubiese llamado biblioteca. Si hubiera imaginado el Paraíso bajo la forma de una sola biblioteca.
(Cuando me fui a Pittsburgh llevaba, como siempre, algunos amuletos: los Seis ensayos de don Pedro, el libro de Lukács sobre realismo crítico, un libro de Retamar y una Mímesis edición cubana. Mi biblioteca fueron esos amuletos llevados provisionalmente a algún lugar: como testimonio o defensa.)
Si yendo a Chile hubiera cargado todos los libros. Para, también provisionalmente, defenderme de las turbulencias del vuelo. Qué bella biblioteca hubiera sido.

Libros perdidos o apolillados en habitaciones disímiles y geográficamente distantes. Esa fue mi biblioteca.

martes, septiembre 19, 2017

Un gato

El cliché del gato echado junto al calor de los libros y la computadora.

En cambio mi gato crecía en el patio, solo y por su cuenta.

De noche huían las zarigüeyas (la zarigüeya acomodada, casi archivada como un libro entre las hojas del plátano).

Cruzaba eléctrica la garra que iba a atravesar el corazón tierno del murciélago: corazón prodigioso en sangre y aerodinámicas perdidas.

En el borde de los charcos de aguas negras, frente a sapos emperadores, en altas incursiones de aguacates y palmeras infinitas.

Debajo de la pitahaya pedregosa, cerca del hicaco ya adornado de un rosa oscuro, por debajo de la tierra profunda donde estaba el Perro enterrado. Pasaba por ahí el gato, adueñado.

Ah tanto gato urbano e inútil, gato de cuna y de pulga fácil, nunca frente al garabato extraordinario de una araña venenosa.


Ese era el gato ausente que yo prefería, siempre abriéndole la puerta al gato boquiabierto frente a la realidad.

sábado, agosto 26, 2017

Frente a la tumba de Stravinsky

Ambulante la hoja que ingresa al escenario, y el moho de la hoja y la hormiga.

La danza de la mano, el subterráneo como el Hades y el infierno.

Estamos frente a la tumba de Stravinsky.

Cosa de los 17 años, tal vez, vi que los viejos músicos--Handel, Vivaldi, Scarlatti--miraban y cuchicheaban frente a esta tumba.

Era la novela de Carpentier y era la otra era. Novela que comprabas en carreras azuladas, en el pueblito y leías con velas ajenas.

Lo que decían imantaba; quijoteaba el niño desde el pesebre; albúmina perdida de un Nonato José Cemí.


"San Ramón Nonato" decía mi madre. En ese día.