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viernes, enero 16, 2015

Dionisos

El discurso de Charlie Hebdo era satírico. El "Yo soy Charlie" resultó solemne. Su injerto en Nicaragua, a juzgar por el llamado de Confidencial a pensar "Qué es ser Charlie en Nicaragua", casi un sermón moralista.

Los Charlie debían ser primordialmente marginales y ríspidos. Un ejemplo nicaragüense recordable es La Semana Cómica de los años 80. En ocasión de la celebración del Día de la Mujer, un 8 de marzo, el mencionado semanario publicó la foto de una mujer afeitándose el pubis y, decía el pie de foto, "preparándose para la celebración".

Como era justo, aquella foto hizo montar en cólera a las feministas. ¿No es la suerte de los Aristófanes cagarse de la risa ante los (en aquel caso las) Sócrates? ¿No son los individualistas modernos Secretarios Perpétuos de Dionisos?

Pudiera ser.

Pero no está de más recordar la observación de Stallybrass y White cuando discuten las categorías del carnaval: "a menudo el carnaval abusa violentamente y demoniza a los grupos sociales más débiles, no a los más fuertes: las mujeres, las minorías religiosas y étnicas, aquellos "que no pertenecen", en un proceso de abyección desplazada".

Pensar qué es ser Charlie en Nicaragua--idea fuera de lugar como las hay--y no mencionar La cámara matizona es una contradicción casi humorística. Sus chacuatoles sociales y políticos ilustran bien cómo la ambigüedad de la sátira "de abajo" se vuelve arma de leve densidad. Ese tipo de humor que como el de Chespirito se mofa de la pobreza esmeradamente.

Una típica y antigua copla que se consumía en los barrios nicaragüenses decía:
Chico Perico mató a su mujer
La hizo pedazos y la fue a vender
No la quisieron porque era mujer
Sólo los chinos porque eran cochinos
Arte de injuriar, diría Borges, que podría ser adaptados por aquellos Charlies que se oponen a la construcción del Canal, no por anticapitalistas sino por antichinos, y conviven "sanamente" con el femicidio.

La genealogía de Aristófanes y Dionisos (fuerza de Nietzsche y algunas vanguardias históricas) es una en que cierta gozosa amoralidad deviene una ética. En estos días parece una ética prestable, "líquida" y voluble: todos son Charlie. Los poderes la desplazan para ponerla en la gran vitrina de Occidente, en una época de guerra interminable.

En algún lugar de Nicaragua, Charlie debía reflexionar en esto.

lunes, julio 06, 2009

Un baño de nada

También recibí la carta apócrifa del suicida. Por correo electrónico. Y me pregunté: hay alguna estética para cartas de suicida? Porque incluso la carta apócrifa debe mostrar ciertas delicadezas. Y me parecía que ese tipo de nota estaba perpetuamente desbordada. Recordé, por ejemplo, el célebre relato postcolonial de la chica que se mata el día de su regla, para que todos vean que no lo hace por razones de embarazo.

Porque quizá esa escritura testimonial que necesariamente harán otros y no el suicida es más lenta y detectivesca: ver de verdad la sangre y los objetos que el sospechoso desparramó el día de su muerte.

Una nata de nada rodea las huellas del suicida. Un baño de nada, al que ha aludido el poeta de manera casi jubilosa:

"Las sábanas de los suicidas están siempre limpias.
Se duchan antes del acto. Una ducha corta y enérgica."


De manera que o uno se disfraza demasiado pronto del muerto (y escribe un apócrifo lamentable) o se pierde de verdad en la propia muerte del muerto hasta dar con el emblema que emociona más a los liberales Propiedad Privada.

Aunque parezca radical, diré, pues, que la única manera de escribir una carta de suicida es suicidándose.

Toda otra escritura es apócrifa.